GEOGRAFÍA DE LA POBREZA DE GÉNERO
ntroducciónLa pobreza se asocia generalmente con la idea de privación, sea de algunas necesidades básicas o de los recursos necesarios para satisfacer dichas necesidades. Aunque hay varias opiniones sobre cuáles son esas necesidades básicas, los tres acercamientos dominantes al análisis de la pobreza que aparecen en los estudios de desarrollo son:
Cada uno de estos acercamientos aclara algo sobre las dimensiones del género en la pobreza, sobre la forma que éstas toman en diferentes regiones, y sobre cómo pueden ser afectadas por el crecimiento económico. Acercamiento de la línea de pobrezaSeparando a los pobres de los no-pobresLas mediciones de la línea de pobreza igualan el bienestar con la satisfacción que los individuos consiguen al consumir diversos bienes y servicios. Se enfocan a la habilidad –que se equipara al ingreso– de "escoger" entre diferentes "paquetes" de satisfactores. Estas consideraciones condujeron a:
Ya se ha demostrado que el crecimiento económico no necesariamente beneficia a los sectores más pobres de la sociedad; por eso, la reducción de la pobreza se ha convertido en una importante medida del desarrollo. Para saber si la pobreza se ha reducido o no debe establecerse un criterio, una frontera entre los pobres y los nopobres. La forma más empleada de establecer esta frontera fue la línea de pobreza . Este acercamiento ha tenido bastantes críticas, por lo que ha sido modificado para incluir los siguientes temas, todos los cuales son relevantes al discutir las dimensiones del género en la pobreza:
Sin embargo, los datos más reveladores de la conexión entre género y pobreza son las relaciones dentro del hogar. Como se ha visto ya, la economía convencional consideraba el hogar organizado alrededor de la reunión de los recursos de todos los miembros; de ahí podían satisfacerse las necesidades de bienestar de todos ellos. Estudios hechos en diferentes partes del mundo sugieren que, por el contrario, existen desigualdades sistemáticas y muy difundidas dentro de los hogares. Estas desigualdades pueden estar relacionadas con la edad, el estatus en el ciclo de vida, el orden de nacimiento, la relación con la cabeza del hogar y muchos otros factores. Los más influyentes son, sin embargo, los que están relacionados con el género. Por eso, los intentos para estimar la pobreza que despreciaban las desigualdades dentro del hogar daban sólo un retrato incompleto del problema. Especialmente, decían muy poco sobre la experiencia de la pobreza de la mujer en relación con la del hombre dentro del mismo hogar. Hogares encabezados por mujeres y la "feminización de la pobreza"Las medidas de la pobreza a nivel de los hogares, sin embargo, revelan un importante aspecto de la interacción entre género y pobreza: el desproporcionado número de hogares encabezados por mujeres que hay entre los pobres. La certeza de que el número de hogares encabezados por mujeres estaba creciendo, tanto en los países industrializados como en los que están en desarrollo, hizo que se empezara a hablar de la "feminización" de la pobreza. Un importante informe sobre la pobreza rural en el mundo, hecho por el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola, concluyó que las mujeres rurales en países en desarrollo se hallaban entre las personas más pobres y más vulnerables, y que 564 millones de ellas estaban viviendo por debajo de la línea de pobreza en 1988. Esto equivale a 47% de aumento sobre los datos de 1965–1970. En 1995, el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas (UNDP) calculó que 70% de los pobres eran mujeres. Los hogares encabezados por mujeres se convirtieron pronto en el tema más importante en la discusión sobre género y pobreza en las organizaciones internacionales. Sin embargo, la relación entre hogares encabezados por mujeres y pobreza no es consistente. Más bien parece tener un elemento regional, y están más representados entre los pobres de América Latina y Asia que entre los de África. Esto es porque el fenómeno puede deberse a varias causas (costumbre, viudez, divorcio, separación, poligamia, migración de los miembros femeninos o masculinos, etc.). No todos estos factores tienen las mismas implicaciones para la pobreza del hogar. Por ejemplo, los hogares encabezados por mujeres en matrimonios polígamos en África o en sociedades matrilineales de África y Asia tienden a estar mejor. En Jamaica, los hogares encabezados por mujeres están muy extendidos y no necesariamente asociados con la pobreza, y en muchos casos, los hogares en los cuales el miembro masculino está presente se hallan en peores condiciones. Los intentos recientes para tomar en cuenta el tamaño y la composición de los miembros del hogar y así calcular mediciones del ingreso, generalmente han fortalecido la asociación entre hogares encabezados por mujeres y pobreza. Un análisis de la pobreza del hogar en el Nepal rural, por ejemplo, que tomó en cuenta las "economías de escala" asociadas con hogares más grandes, encontró que los encabezados por mujeres eran generalmente más pobres que el resto de la población; también tendían a ser más pequeños y a establecer mayores relaciones de dependencia. Entre la población de estos hogares, las cabezas femeninas de familia de jure estaban mejor que otras categorías si poseían alguna fuente de ingresos proveniente del hombre; pero resultaban más pobres comparadas con hogares sin entradas provenientes del hombre. Esto indica claramente que la presencia y la ausencia de contribuciones masculinas debe tomarse en cuenta para el análisis. Por lo tanto, centrar las políticas antipobreza en los hogares encabezados por mujeres no es un criterio suficiente. Además, las dimensiones de género en la pobreza no están limitadas a si el hogar está encabezado por una mujer o no, a pesar de la impresión que producen muchos documentos pertenecientes a las políticas antipobreza. Y también es necesario explorar las desigualdades en las privaciones que tienen lugar en los hogares encabezados por hombres. Sin embargo esto no puede hacerse tomando como base las medidas de línea de pobreza, porque éstas se determinan con base en el ingreso del hogar. Entonces, es necesario tomar como foco al individuo. Acercamiento de las capacidadesExpansión de los conceptos medios y finesEl acercamiento de las "necesidades básicas" surgió en la agenda del desarrollo en respuesta a:
La idea de medios se expandió para incluir –junto al ingreso generado por el mercado– servicios que pudieran ayudar a la gente a satisfacer necesidades esenciales (p. ej. agua potable, sanidad, salud pública y transporte). También expandió la idea de fines para incluir un rango más amplio de necesidades consideradas esenciales para llevar una vida humana digna (p. ej. techo, salud y ropa). El empleo libremente elegido fue incluido en los medios y en los fines, pues genera el ingreso o los productos necesarios para satisfacer necesidades básicas, y da a los individuos la autoestima y dignidad esenciales para su bienestar. Este acercamiento se basó en la idea de "funcionamientos y capacidades" propuesto por Amartya Sen y elaborado en el trabajo subsecuente de Dreze y Sen. El ingreso y las mercaderías fueron considerados importantes mientras ayudasen a las capacidades de la gente a alcanzar las vidas que deseaban (sus "logros funcionales"). Las "capacidades" no sólo incluían las básicas del individuo, como nutrición y salud, sino también otras más complejas, como participar en su comunidad y lograr la autoestima. Un acercamiento basado en capacidades borra las diferencias entre medios y fines. Salud y educación, por ejemplo, son logros funcionales en sí, pero también son capacidades que permitirán al individuo llegar a otros logros valiosos. Como las capacidades son no solamente lo que el individuo puede "escoger", sino lo que es capaz de lograr, dependen en parte de sus circunstancias personales y en parte de las coacciones sociales. Mientras estos logros se relacionen con el individuo, pueden medirse a nivel de comunidad o de país. Un intento de hacer esto es el Índice de Desarrollo Humano (HDI) del Programa de Desarrollo de la ONU, que combina datos a nivel país sobre ingreso, expectativas de vida y logros educacionales. El Índice de Desarrollo Humano definió así las capacidades básicas de la vida humana:
Estas "aspiraciones" se consideran "medidas de habilitación" y, al mismo tiempo, los fundamentos que permitirían a la gente tener acceso a otras oportunidades. Desigualdad de género y desarrollo humanoComo las capacidades se definen en relación al individuo –a diferencia de la línea de pobreza, que se define en relación al hogar– pueden también interpretarse y medirse en formas disociadas del género. Esto lo intentó el Programa de Desarrollo de la ONU en el Informe sobre Desarrollo Humano (HDR) de 1995, que introdujo dos nuevos e importantes índices para medir la desigualdad de género a nivel nacional:
El Índice de Desarrollo de Género está estrictamente ligado al Producto Doméstico Bruto per cápita, y aumenta a medida que éste lo hace. Por lo tanto, no proporciona una medida de la desigualdad de género en sí. De hecho, todos los países colocados entre los 10 primeros por el Índice de Desarrollo de Género son también economías de altos ingresos, mientras que los colocados entre los 10 más bajos son todas economías de bajos ingresos. Por lo tanto, Dijkstra y Hanmer han desarrollado, empleando los mismos indicadores, otra medida llamada Estatus Relativo de las Mujeres (RSW). Esta medida proporciona información sobre la desigualdad de género en un país, que es independiente de su Producto Doméstico Bruto per cápita. No sólo es la correlación entre el Producto Doméstico Bruto per cápita y el Estatus Relativo de las Mujeres (RSW) de los 136 países considerados mucho más débil que cuando se emplea el Índice de Desarrollo de Género (GDI), sino que los 10 mejores y los 10 peores países ya no corresponden a los países con altos y con bajos ingresos.
El acercamiento de capacidades tiene ventajas importantes sobre el acercamiento de la línea de pobreza, porque revela las dimensiones del género en ella. Medidas de aspectos básicos de la capacidad humana disociadas del género (como expectativas de vida, educación y participación en la fuerza laboral, así como aspectos más complejos (como participación política y logros profesionales) ayudan a construir una imagen más amplia de la extensión, el alcance y la distribución de la desigualdad de género, tanto en países desarrollados como en los que están en desarrollo. Al mismo tiempo, resulta importante mantener las mejoras en capacidades humanas debidas a mejoras totales separadas de las que reflejan una reducción en las desigualdades de género. El nivel absoluto de bienestar es muy importante, pero la desigualdad de género es un problema ético que debiera preocupar a los gobiernos. Existen también razones políticas para investigar los niveles absolutos de privación que sufren las mujeres, así como de sus privaciones relativas a las de los hombres, pues son relevantes para diferentes resultados del desarrollo humano. Desigualdad de género e indicadores del Índice de Desarrollo de GéneroHay una relación entre cada una de las dimensiones que forman el Índice de Desarrollo de Género (y el Estatus Relativo de las Mujeres) y el ingreso, el crecimiento y las estructuras de coacciones patriarcales. Países que tienen buenos resultados en un aspecto pueden tener malos en otros. Al buscar la razón de estas divergencias, se distinguen fácilmente aquellos aspectos de la desigualdad de género que responden al crecimiento económico y aquellos otros que tal vez tengan que ser encarados con medidas adicionales de políticas. Esta relación ayuda también a identificar los aspectos de la desigualdad que son más resistentes al cambio. Sueldo y participación en la fuerza de trabajoLa primera de las tres capacidades humanas identificadas por el Informe sobre Desarrollo Humano se refiere a oportunidades económicas, y se mide por el Producto Doméstico Bruto per cápita. Este indicador revela desigualdades en participación de fuerza laboral y en sueldos ganados. Como se anotó en el capítulo anterior, la participación femenina en la fuerza laboral en los paises en desarrollo parece estar más fuertemente relacionada con diferencias regionales en torno al parentesco y con relaciones de género que con diferencias en el ingreso per cápita o la incidencia de la pobreza. Las variaciones en las razones de sueldo mujer-hombre siguen un patrón regional menos claro. En 1995, el Programa para el Desarrollo de la ONU encontró que los sueldos de las mujeres eran en promedio 75% de los sueldos de los hombres. Los tres países con las menores disparidades en este aspecto eran Australia, Tanzania y Vietnam, mientras que los países con las mayores disparidades eran Bangladesh, China y la República de Corea. Sin embargo existen problemas con las estimaciones internacionales de disparidades de sueldo, mayores tal vez que los que existen en la participación en la fuerza laboral. Los datos empleados en el Índice de Desarrollo de Género no han sido estandarizados por habilidades, aunque probablemente haya diferencias de género en esta área. Además, el Índice de Desarrollo del Género examina sólo el sector de sueldos formales. Las disparidades en el sector informal deben ser muy acentuadas, especialmente en las economías agrarias de bajos ingresos. Esto se debe: a) a los datos anteriores, que pertenecen tan sólo a una fracción del empleo total en estos países, y b) a que la fuerza de trabajo en la economía informal –incluyendo el sector agrícolatiende a estar menos organizada, lo cual significa que las disparidades en sueldo serán probablemente mayores . Además los datos de la economía formal tienden a estar dominados por el sector público, donde los sueldos son definidos administrativamente, no competitivamente. Así, las disparidades tienden a ser menores que en el resto de la economía (incluyendo el resto de la economía formal).
Los datos disponibles sugieren que las diferencias en sueldos están decreciendo, pero no queda claro si es que los sueldos femeninos están aumentando o si los masculinos están decreciendo. Un estudio de las razones de sueldo mujer-hombre para 12 países en desarrollo mostró que en todos ellos los sueldos femeninos habían subido en relación a los masculinos. El aumento era de alrededor de 0.6 a 0.7% anual en Brasil, Chile, Colombia y Venezuela; a 2.4% en Costa de Marfil y hasta 5% en la República de Corea. En cinco de los siete países para los cuales había datos sobre las variables explicatorias relevantes hubo un ligero descenso en los sueldos masculinos. Otro estudio indicó que la tendencia en los diferenciales de sueldo mujer-hombre era positiva sólo para países que habían alcanzado algún nivel de crecimiento económico. Las mujeres pueden pasar a ocupar empleos mejor pagados a medida que su educación aumenta, y a medida que sus nexos con la fuerza laboral se incrementan. En América Latina, donde la participación de las mujeres en la fuerza laboral ha estado aumentando más aprisa que la de los hombres, análisis recientes enfocados a sus tres economías más grandes (Argentina, Brasil y Chile) reportan también que los ingresos de las mujeres están mejorando en relación a los de los hombres. Para los tres países, los niveles de educación parecen ser más importantes que el sexo o el sector de la economía para explicar las variaciones en los ingresos mensuales. Al mismo tiempo, las mujeres siguen estando sobrerepresentadas en los segmentos del mercado peor pagados y menos protegidos; y expresan mucha mayor inseguridad en relación a la supervivencia básica del hogar y al bienestar que los hombres. Los investigadores sugieren que la sección más vulnerable de la población trabajadora es la de las mujeres clasificadas como "trabajadoras familiares no remuneradas", quienes no tienen acceso a un ingreso propio. A pesar de algunas tendencias positivas, la segregación por género sigue siendo una constante en los mercados laborales. La brecha en los ingresos también permanece grande, no puede explicarse por diferencias en capacitación ni por segmentación del mercado laboral, y sugiere que existe algún grado de discriminación directa. Expectativas de vidaEl segundo componente del Índice de Desarrollo de Género se refiere a las expectativas de vida, que representan diferencias de género en salud y bienestar físico. Las tasas de mortalidad según la edad favorecen a las mujeres:
Una inversión de este patrón generalmente significa que existe discriminación de género contra las mujeres. Por otro lado, una disparidad superior al promedio a favor de las mujeres indica desventajas masculinas. Las expectativas de vida en general se aproximan bastante a la distribución regional del ingreso, son superiores a los 75 años para los países de la OECD, mientras que van de 64 a 72 años en América Latina y el Caribe; alrededor de 55 en el sur de Asia, y de 46 a 53 en el África subsahariana. Las expectativas de vida de las mujeres se conforman también a la distribución regional del Producto Nacional Bruto per cápita. En 1970, África subsahariana tenía el menor nivel de expectativas de vida femenina (alrededor de 45 años), seguida por Asia del Sur (47), Oriente Medio y África del Norte (54). Asia oriental, el Pacífico y América Latina y el Caribe tenían niveles más altos. Para 1997 se habían obtenido en todo el mundo aumentos en las expectativas de vida, pero los países más pobres del África subsahariana tuvieron los menores. Los niveles absolutos de expectativas de vida, incluyendo los niveles para las muje res, diferencian a los países ricos de los pobres. En los países pobres, la diferencia se establece entre los pobres y los más pobres. Uno de los factores que produjo variaciones en las expectativas de vida de las mujeres es la mortalidad materna. Hay dos maneras de medirla:
Como las expectativas de vida totales y las de la mujer en particular, la mortalidad materna parece estar fuertemente relacionada con el Producto Nacional Bruto per cápita . La brecha entre países desarrollados y países en desarrollo es mayor en términos de mortalidad materna que medida con cualquier otro indicador. Esto incluye mortalidad infantil, que es la medida más usada en la desventaja comparativa. Las diferencias de género en expectativas de vida están ligadas más estrechamente a los patrones regionales de organizaciones familiares y de parentesco que a los niveles regionales de pobreza. Existe una estrecha correlación entre la clasificación de regiones del mundo en desarrollo por razones de actividad económica mujerhombre y por razones de expectativas de vida mujer-hombre. A pesar de sus mayores niveles de pobreza, el África subsahariana tiene un mayor grado de igualdad de género en expectativas de vida que algunos de los países con altos ingresos de Asia occidental, norte de África y sur de Asia. Mientras que el porcentaje de mujeres candidatas a sobrevivir la edad de 65 años en 1999 era más alta que la de los hombres en todo el mundo, la diferencia era menor en las regiones de "patriarcado extremo". Existen también variaciones subregionales en diferencias de género que reflejan variaciones en sistemas familiares y de parentesco dentro de las regiones.
Hay algunas limitaciones para el uso de las expectativas de vida como medida de la desigualdad de género. Por ejemplo, una comparación entre Bangladesh y Gambia mostró que el país africano tenía más altas expectativas de vida para las mujeres que para los hombres, mientras que Bangladesh mostraba el patrón de "patriarcado extremo" de mayores expectativas de vida para los hombres. Sin embargo, análisis más detallados comprobaron que las mujeres en edad reproductiva en ambos países tenían una desventaja particular: había una alta tasa de mortalidad relacionada con la maternidad, así como anemia nutricional, entre mujeres embarazadas y lactantes. Las razones de sexoLas razones de sexo de las poblaciones son otro indicador de discriminación de género a nivel de las oportunidades básicas de supervivencia. Las más altas expectativas de vida de las mujeres deberán producir, lógicamente, una mayor cantidad de mujeres que de hombres. Consecuentemente, el tener más hombres en un país o región es el reverso de la aplicación biológica de las diferencias de sexo. Sin embargo, en algunas regiones las desventajas de género sobrepasan y tienen resultados inversos a los patrones biológicos. Esto ha conducido a una situación: en el mundo hay un déficit de más de un millón de mujeres. Un examen de las razones de sexo, hecho en los años ochenta, encontró que las poblaciones del Medio Oriente, zonas del norte de África, el subcontinente indio y China estaban caracterizadas por "razones de sexo masculino", es decir, razones de más de 105 hombres por cada 100 mujeres. Países de América del Norte y Europa tenían un promedio de 105 mujeres por cada 100 hombres, mientras que el África subsahariana tenía 102 mujeres. Sin embargo, había mucho menos mujeres que hombres en países del Medio Oriente como Turquía (95), Egipto e Irán (97) y Arabia Saudita (84); en el sur de Asia, la India (93) y Pakistán (92); y en el Asia oriental, países como China (94). Las razones de sexo masculino están asociadas a altas tasas de mortalidad femenina en los grupos de mujeres más jóvenes. Esto ha empeorado en algunos países por una alta mortalidad de mujeres en edad reproductiva. Por ejemplo, un análisis de 40 países en desarrollo (excluyendo la India y China) mostraron que el exceso de mortalidad femenina entre los niños es muy marcado en el Medio Oriente, y cerca de la media en América Latina y el África subsahariana. La "geografía" de género de las razones de sexo se refleja en la distribución regional de una fuerte preferencia por los hijos varones. Patrones de discriminación de género parecen ser particularmente intransigentes en el sur de Asia. Logros educacionalesLa educación es la tercera de las capacidades incluida en los estimados del Índice de Desarrollo de Género. Es también importante para las Metas de Desarrollo del Milenio, tanto en términos absolutos (aumentando los logros totales, particularmente a nivel primaria) como relativos (cerrando la brecha de género en alfabetismo adulto y educación en todos los niveles). Lograr la educación universal, aun a nivel primaria, es un desafío formidable que tiene un poderoso componente de género. De acuerdo con la UNICEF, más de 130 millones de niños en edad escolar en el mundo en desarrollo están creciendo sin acceso a la educación básica. Cerca de dos de cada tres niños en el mundo en desarrollo que no reciben educación primaria son niñas. África subsahariana tiene las más bajas tasas de inscripción primaria, con 57%, seguida por el sur de Asia con 68%, Oriente Medio y el norte de África con 81%, y América Latina y el Caribe con 92 por ciento. El Índice de Desarrollo de Género muestra un patrón regional del logro en educación primaria, secundaria y superior de las mujeres (y total) que refleja niveles de riqueza y de pobreza. El logro educacional total es el mayor, y las desigualdades de género también han sido erradicadas en gran parte en los países pertenecientes a la OECD. Tasas de inscripción mujer-hombre eran de 99% en 1990, mientras que en los países menos desarrollados están aún en 84 por ciento. El patrón regional de diferencias de género en alfabetismo adulto –producto de los logros educacionales del pasado– sugiere la influencia de los patriarcados locales. El alfabetismo femenino como porcentaje del masculino en 1992 más alto fue el de América Latina y el Caribe (97%), seguido por el sureste de Asia/Pacífico (90%), Asia oriental (80%), África subsahariana (66%), los estados árabes (62%) y el sur de Asia (55%). Sin embargo, los patrones regionales en logros actuales educacionales, medidos por las tasas de inscripción a primaria, sugieren que esta influencia de los patriarcados puede haber disminuido por el crecimiento económico. Todas estas regiones, excepto el África subsahariana y el sur de Asia, muestran altas tasas de inscripción mujer-hombre (92 a 98%). Esto refuerza el descubrimiento de que el crecimiento económico en las naciones que han alcanzado un cierto nivel de ingresos ayuda a cerrar la brecha de género en educación, independientemente de las diferencias regionales en relaciones de género. Diferencias en los patriarcados regionales pueden explicar la disparidad entre el sur de Asia y el África subsahariana. La reducción de la pobreza y otros logros educacionales, tanto para muchachas como para muchachos en los niveles de primaria, han sido mayores en el primer caso. Por ejemplo, las tasas de inscripción femenina a primaria han aumentado arriba de 80% en el sur de Asia para 1995, mientras que el África subsahariana tenía el 60%. Sin embargo, las desigualdades de género seguían siendo mayores en el sur de Asia. Los logros mujer-hombre en el nivel de primaria eran de 75%, mientras que en África subsahariana eran de 85%. A nivel secundaria, donde las tasas son generalmente inferiores, la razón mujer-hombre estaba alrededor de 14% en la primera y 40% en la última. Crecimiento rápido, urbanización e industrialización en Asia oriental y el sureste de Asia parecen haber conducido a ambas regiones a tasas rápidamente declinantes de fertilidad, así como a más altos niveles de logros educacionales de jóvenes de ambos sexos. Sin embargo, hay indicios de que la educación de los niños en algunos países de Asia oriental se logró a expensas, y muchas veces con la contribución, de las niñas. En Taiwán las hijas, por ejemplo, recibieron el mínimo de educación precisa para permitirles tener empleos "femeninos" en fábricas y empleos de cuello blanco, y sus sueldos fueron empleados luego para subsidiar una mayor inversión en la educación de los hijos. Desventajas masculinasDesviaciones muy marcadas de los patrones esperados de la diferencia de género pueden revelar desventajas no sólo femeninas, sino también masculinas. A continuación se exponen algunos ejemplos relacionados con expectativas de vida y educación. Expectativas de vidaSituaciones en las que se presenta una posible desventaja masculina en cuanto a expectativas de vida pueden ilustrarse con los siguientes ejemplos:
El primer ejemplo indica la necesidad de mejorar el acceso a y el suministro de facilidades de salud en las áreas más pobres y aisladas del sur de Asia. El segundo muestra los "costos" que la rigidez en las identidades de género pueden imponer a los hombres. Modelos más igualitarios de relaciones de género podrían haber permitido que el costo de la transición se compartiera con mayor igualdad. Desgraciadamente las mujeres parecen encontrar más fácil –o más imperativo– compartir la carga del suministro económico de lo que los hombres encuentran compartir la carga del trabajo doméstico. EducaciónTambién hay indicios de desventajas masculinas en logros educacionales en algunas regiones, particularmente en las zonas de habla inglesa del Caribe. Las mujeres con 70% de los graduados de la Universidad de las Indias Occidentales. En Jamaica, los menores logros de los muchachos son evidentes a nivel primaria, y se amplían subsecuentemente. Las ideas prevalecientes de masculinidad y feminidad consideran al hombre dominante, propio para la esfera pública, fuerte, etc., y a la mujer, sumisa, propia para la esfera privada, sensible, etc. Estos valores son internalizados por los hijos y estructuran sus interacciones en el hogar, en la escuela, en el trabajo y en la comunidad. La realidad, sin embargo, es que las mujeres siempre han trabajado fuera del hogar. Así, mientras los procesos de socialización equipan a las mujeres para la disciplina de la vida de estudios, su independencia relativa les permite tomar ventaja del mercado laboral y de las oportunidades políticas. Sin embargo hay pocos motivos que alienten a los hombres a participar en un sistema educativo basado en valores y en un idioma que se percibe como "afeminado". Aunque la falta de logros masculinos en educación es una fuente de preocupación, debe notarse que no se traduce en desventajas masculinas en el mercado. Datos de los años noventa muestran que la participación de las mujeres en la fuerza laboral, y en los sectores formales de sus economías, es menor que la de los hombres. Las mujeres tienen mayores tasas de desempleo y tienden a ocupar los empleos peor pagados. SumarioLas medidas de las capacidades humanas discutidas en esta sección han hecho un número de contribuciones útiles para comprender la relación entre género y pobreza:
Al mismo tiempo, puede buscarse la forma de que los indicadores del Índice de Desarrollo de Género sean más sensibles a las disparidades de género en los países más pobres. Si se logra que los datos de disparidad de género en salarios en toda la economía, y no sólo en el sector formal, sean más amplios, tendríamos una mejor medida de las oportunidades económicas. La expectativa total de vida puede ser una medida útil del desarrollo, pero disfraza diferenciales específicos de edad en la mortalidad, y esconde desventajas de género en los grupos en edad reproductiva. Evaluaciones Participativas de la Pobreza (PPA)La pobreza desde la perspectiva de los pobresUn creciente cuerpo de trabajo explora la experiencia de la pobreza desde la perspectiva de los pobres. Esas Evaluaciones Participativas de la Pobreza (PPA) emplean gran variedad de métodos, principalmente cualitativos (incluyendo grupos focales, discusiones a profundidad con informantes clave y varias técnicas visuales como matrices, gráficas y diagramas). Se originaron a raíz de los primeros intentos de los practicantes en el campo de promover apreciaciones y evaluaciones de proyectos de desarrollo, a través de un rango de técnicas conocidas colectivamente como Apreciación Rural Participativa (PRA). Los acercamientos participativos cobran más y más importancia en los ejercicios de evaluación nacional de pobreza llevados a cabo por agencias internacionales de desarrollo. Sin embargo, emplean predominantemente las discusiones de grupos focales, no todo el rango de métodos arriba mencionados. Los acercamientos por Evaluación Participativa de la Pobreza han hecho algunas contribuciones clave a nuestra discusión. Entre ellas figuran las siguientes:
Un examen de 22 evaluaciones de pobreza nacional llevado a cabo en el África subsahariana a mediados de los años noventa identificó los siguientes temas entre las dimensiones de la pobreza:
Además, la pobreza tendía a estar asociada a la dependencia. Los pobres trataban de amarrarse a relaciones patrón-cliente, frecuentemente en términos que los rebajaban, para obtener protección en los tiempos de crisis. En la pobreza extrema se encuentran los viejos, los discapacitados y, en algunos casos, los hogares encabezados por mujeres. Estos son totalmente dependientes de la ayuda de otros para sobrevivir. Evaluaciones de la pobreza por medio de acercamientos cualitativos y en contextos específicos pueden enriquecer el análisis de la pobreza en las siguientes formas:
Evaluaciones Participativas y géneroLas Evaluaciones Participativas de la Pobreza tienen gran potencial para capturar algunos de los aspectos de la pobreza dependientes del género, como son los siguientes: a) Desventajas que afectan más a las mujeres pobresAl respecto proporcionaron gran número de ejemplos, entre los cuales están:
b) Conexiones entre producción y reproducciónHicieron más visibles las conexiones entre producción y reproducción. Por ejemplo, la habilidad de los pobres en Guinea-Bissau para generar ingresos se redujo porque la degradación ambiental los obliga (a las mujeres, especialmente) a pasar cada vez más tiempo en los trabajos rutinarios del hogar, como recoger leña y acarrear agua. c) Variaciones en las relaciones dentro del hogarAclararon que en algunos países (p. ej. Ghana y Zambia) las mujeres y los hombres tenían:
La antropología ha documentado esto, pero apenas lo ha registrado en el análisis económico dominante, que continuaba considerando a los hogares como caracterizados por la unión de los recursos de los miembros. d) Vulnerabilidad de hogares encabezados por mujeresEn algunas partes de África como Benin, Kenya, Rwanda y Sierra Leona, se demostró que los hogares encabezados por mujeres eran más vulnerables a la pobreza. Remesas de miembros ausentes de la familia (hombres) eran un importante factor para determinar si los hogares encabezados por mujeres eran pobres o no en Cabo Verde, Mauritania y Uganda. En Ghana, los hogares encabezados por mujeres estaban asociados a la pobreza en el norte, pero no en el sur. e) Diferencias de género en prioridadesDemostraron que mujeres y hombres a menudo tenían diferentes preocupaciones y prioridades. El estudio hecho en Zambia hizo ver que las mujeres atendían más a las necesidades básicas, mientras que los hombres preferían la posesión de valores físicos. En Gambia, tanto mujeres como hombres daban prioridad al ingreso. Sin embargo, mientras las mujeres ponían a la salud en segundo lugar, los hombres daban esa prioridad a la educación. La distancia a la que el agua potable estaba, y su calidad, fueron preocupaciones expresadas casi exclusivamente por mujeres en el África subsahariana, lo cual reflejan su responsabilidad primaria en esta área. Es necesario el conocimiento de las diferentes prioridades para predecir, por ejemplo, los aumentos en el flujo de dinero a los hombres (¿comprarán más ganado o satisfarán las necesidades de alimento?) o para imponer tarifas a los usuarios de salud y educación. f) Desigualdades relacionadas con las | |||||||||
Necesidad de respuestas multifacéticas a las desventajas de género Las mujeres, particularmente las más pobres, enfrentan un acceso extremadamente desfavorable a la tierra y a otros recursos valiosos. Los términos en que participan en el trabajo remunerado, incluyendo el producto de sus esfuerzos, hace muy poco para mejorar su nivel de subordinación dentro de la familia. Suelen ser activamente discriminadas en el acceso a importantes recursos como crédito, insumos agrícolas, servicios de extensión, salidas al mercado, etc. Es evidente que desmantelar estas "desventajas impuestas de género" puede jugar un importante papel en atacar las desigualdades de género dentro del hogar, tanto como en la economía. Una legislación formal en igualdad de género es un medio de atacar formas muy arraigadas de discriminación en el matrimonio y en el trabajo. Al mismo tiempo, es importante tomar nota de que la legislación por sí sola no puede asegurar los derechos de las mujeres si las costumbres y las creencias de la comunidad evitan que sea implementada. Son necesarias una educación y una información sobre estos derechos, junto con una maquinaria efectiva para imponerla y una sociedad civil activa y preparada para tomar acción pública y asegurar su imposición. |
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