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MALDITA POBREZA

INFORMESSSSSSSS

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El género y el Informe sobre Desarrollo Mundial de 1990

El Informe sobre Desarrollo Mundial de 1990, presentado por el Banco Mundial, menciona en su análisis muy poco sobre la dimensión de género. Señaló que las cifras de salud, nutrición, educación y participación de fuerza laboral demostraban que las mujeres tenían severas desventajas ante los hombres, y que se enfrentaban "a todo tipo de obstáculos culturales, sociales, legales y económicos que los hombres, aun los pobres, no enfrentan. Generalmente trabajan más horas y el salario es menor, si es que algún salario reciben". También hizo notar el gran número de hogares de madres solteras, y sostuvo que "aumentar los ingresos directos de las mujeres es un buen medio de llegar a los niños y de fortalecer el estatus de las mujeres, así como su poder de negociación dentro del hogar". Además, se refería a la predisposición de género en los servicios de extensión agrícola en los cuales muchos, si no la mayoría, de los granjeros eran mujeres. Sin embargo, aunque su discusión de las oportunidades económicas para los pobres cubría un amplio rango de temas –incluyendo infraestructura, derechos sobre la tierra, el sector informal y el cambio tecnológico– el análisis de géneros estaba confinado a un par de temas y a una breve mención del hecho de que las mujeres eran más cumplidas para pagar los préstamos recibidos.

Mayor atención se dio a los temas relacionados con el género en la sección de servicios sociales para los pobres. Estos incluían:

a) desigualdades entre los géneros en educación y alfabetismo

b) altos niveles de mortalidad materna

c) efectos negativos de una alta fertilidad en la salud de las madres.

En términos de políticas, los servicios de planificación familiar, junto con la educación y empleo de las mujeres, fueron considerados factores importantes para reducir las tasas de fertilidad. También sugirió que los cuidados sanitarios primarios dirigidos a las mujeres podrían coadyuvar a reducir la mortalidad materna. Se dio especial atención a la educación de las muchachas. Las becas para muchachas y el aumento de número de profesoras en países que tienen alto grado de discriminación de género fueron recomendados como buenos caminos para combatir la desigualdad, así como políticas de largo plazo para aumentar la participación de las mujeres en el mercado laboral.

El género y el Informe sobre Desarrollo Humano (HDR)

El primer Informe sobre Desarrollo Humano de 1990 apenas mencionó el tema de género. Sí hizo notar que el aumento de hogares encabezados por mujeres ha conducido a una "feminización de la pobreza", y que los problemas de la desigualdad de género eran tan relevantes en el norte como en el sur. También señaló que las mujeres "están generalmente menos calificadas que los hombres y tienden a aceptar empleos peor pagados; tienen menos oportunidades para ascender, y esto las hace menos aptas que los hombres para dar una vida digna a sus familias".

El Informe de 1995, por otro lado, se centró en la desigualdad de género para combinarse con la Cuarta Conferencia Mundial sobre las Mujeres de la ONU, celebrada en Beijing. Este Informe ofreció un análisis mucho más elaborado de los temas relativos al género. Afirmó que el propósito del desarrollo era "aumentar las oportunidades del ser humano, no solamente su ingreso". También sugirió que destruir la desigualdad de género tenía muy poco que ver con el nivel del ingreso nacional y que "la pobreza tiene cara de mujer –de 1.3 miles de millones de personas en la pobreza, 70% son mujeres". Hizo notar que las causas de la "feminización de la pobreza" eran diferentes en el sur y en el norte. En el sur eran "las trágicas consecuencias del desigual acceso de la mujer a las oportunidades económicas". Sin embargo en el norte estaban ligadas a "la situación desigual en el mercado laboral, al trato que recibe la mujer bajo el sistema de bienestar social y al status de poder dentro de las familias". Los intentos hechos para estimar el trabajo no remunerado de la mujer contribuyeron a llamar la atención sobre el tamaño de sus contribuciones al crecimiento económico de sus países.

El Informe sobre Desarrollo Humano concluía que, debido a desigualdades en las estructuras de poder, la igualdad de género no podría lograrse por el libre juego de los procesos económicos y políticos. Por lo tanto, los gobiernos deberían reformar sus políticas e introducir acciones cuyo fin fuera promover la igualdad y asegurar que las mujeres tuvieran acceso a los recursos productivos .

El género y el Informe sobre Desarrollo Mundial de 2000

El Informe sobre Desarrollo Mundial del año 2000 se centró en la pobreza y ofreció una vista más compleja de los géneros que el de 1990. El género era punto importantes de la discusión en temas clave como oportunidades, potenciación y seguridad, particularmente en el de potenciación. Aquí, el informe reconocía la naturaleza institucional de la desigualdad de género y ligaba las desventajas femeninas con reglas familiares, normas de comunidad, sistemas legales y abastecimiento público. Las reglas familiares críticas que ayudaban a determinar el grado de igualdad de género fueron identificadas como:

  • Reglas de herencia, que determinan la propiedad que tienen las mujeres sobre los recursos.

  • Reglas de matrimonio, que determinan la autonomía doméstica de las mujeres.

Pasos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP) para lograr la igualdad de género

El Informe sobre Desarrollo Humano de 1995 concluyó admitiendo que la intervención de los gobiernos era necesaria para lograr la igualdad de género y ofreció una agenda de cinco puntos para acelerar el proceso que conduce a ese fin:

  1. Multiplicar los esfuerzos nacionales e internacionales con el fin de lograr la igualdad en un periodo de tiempo acordado.

  2. Modificar los acuerdos económicos e institucionales a fin de promover mayores oportunidades para mujeres y hombres en el lugar de trabajo (por ejemplo, permiso de paternidad tanto como de maternidad, horarios flexibles de trabajo, impuestos justos e incentivos de seguridad social).

  3. Que al menos 30% de los puestos que toman decisiones sea ejercido por mujeres.

  4. Programas para asegurar la educación femenina universal, una mayor salud reproductiva y mayor crédito para las mujeres.

  5. Programas nacionales e internacionales para proveer a la gente, especialmente a las mujeres, de más accesos a oportunidades económicas y políticas.

El Informe sobre Desarrollo Mundial del año 2000 pedía enfocar la pobreza desde la óptica del género y hacía notar que una mayor igualdad entre los géneros es deseable, no sólo por derecho, sino también porque "produce beneficios sociales y económicos que favorecen la reducción de la pobreza". Sin embargo, no incluía un análisis del efecto de la predisposición de género en los mercados laborales y otros. Esto indica que el Banco Mundial seguía considerando al mercado como impersonal y, por lo tanto, "neutral al género". Además, este informe no identificó que la desigualdad de género es un factor central de las causas de la pobreza y de la forma que ésta adquiere.

El Informe del Banco Mundial de 2001

El tratamiento más completo que el Banco Mundial ha dado hasta la fecha al problema del género es el Informe sobre Investigación de Políticas titulado "Engendrando el desarrollo: por medio de la igualdad de género en derechos, recursos y voz". Este informe documenta diferentes aspectos de la desigualdad de género, empleando datos provenientes del mundo en desarrollo, así como del mundo desarrollado. Al igual que el Informe sobre el Desarrollo Mundial, "Engendrando el desarrollo" hacía notar la importancia del parentesco en la construcción de la desigualdad de género. Partió de la nueva forma de pensar en la "economía de los hogares" para explorar las estructuras del poder, de los incentivos y de los recursos en el hogar (. También examinó las formas en que las creencias y los valores de los hogares y comunidades interactúan con marcos legales más amplios para reproducir la predisposición de género en las instituciones clave. Entre éstas se hallan las del Estado y las del mercado.

El informe hacía notar que los mercados laborales en todo el mundo tienen una estructura jerárquica en la cual los sectores, las ocupaciones y las actividades están separadas de acuerdo al género. Las mujeres tienden a estar poco representadas en el sector formal de los empleos mejor pagados, y sobrerepresentadas en los sectores informales y sin remuneración (particularmente si son subcontratadas; en empleos temporales, casuales o relativos al hogar). El resultado de ésto es que los ingresos de las mujeres son de 70% a 80% de los ingresos masculinos, tanto en países desarrolla­dos como en los que están en desarrollo. Sólo 20% de esta diferencia puede explicarse en términos de las variables económicas convencionales, como son logros educacionales, experiencia en el trabajo y características del empleo. El informe muestra con claridad que estas desigualdades son perpetuadas por "tabúes y prejuicios" en el mercado laboral.

El informe documenta también la forma en que la globalización está abriendo y expandiendo los mercados nacionales, y señala las ventajas y las desventajas potenciales asociadas a ella. Las ventajas dan señales de que la brecha en salarios entre los géneros está decreciendo en las industrias, tanto en el norte como en el sur. Entre las desventajas están las fallas en la legislación, para evitar la continua discriminación contra las trabajadoras, así como la exposición a las fluctuaciones de la economía global que sufren aquellas que laboran en ciertas industrias. El informe concluye diciendo que "los mercados competitivos pueden no ser la mejor forma de eliminar la discriminación de géneros, y el gobierno juega un papel preponderante en la regulación de los mercados y en el suministro de una infraestructura económica adecuada .

La conclusión de "Engendrando el desarrollo" sugiere una combinación de las estrategias de crecimiento económico pro-pobres de amplio rango promovidas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y el acercamiento al desarrollo humano basado en los derechos, adoptado por algunos miembros de la ONU y de organizaciones bilaterales de benefactores. Sin embargo:

  • Se inclina más hacia las políticas basadas en el crecimiento que hacia aquellas basadas en los derechos. Considera a los derechos más en términos de regulación que de redistribución, un ejemplo puede ser la eliminación de leyes discriminatorias y la promoción de leyes que concedan mayor igualdad. Además, pone énfasis en los derechos civiles y políticos (y su parte negativa, que es "libre de"), más que en los derechos económicos y sociales (y su parte positiva, que es "libre para").

  • Se ocupa de la desigualdad de género en un sentido amplio, y no presta mucha atención específica a sus ligas con la pobreza.

  • Fue elaborado por la división de investigación del Banco Mundial, y no queda claro si compromete a la institución a adoptar las recomendaciones de su propio trabajo.

Cómo puede el Estado encarar la desigualdad de género

"Engendrando el desarrollo" propone acciones positivas que un Estado puede tomar para reducir la discriminación de género, que causa daños a la sociedad como un todo. Puede "imponer y subsidiar, persuadir y regular, prohibir y castigar, o proveer servicios. Puede prohibir directamente un comportamiento prejuicioso, como cuando exige que las empresas contraten trabajadores por sus habilidades, no por su sexo, y sanciona o multa las violaciones".

El informe propone también una estrategia de tres partes para promover la igualdad de géneros en el proceso del desarrollo:

1. Reformar las instituciones para establecer derechos y oportunidades iguales para mujeres y hombres.

2. Favorecer un acercamiento al desarrollo y al crecimiento basado en los derechos, como la manera más efectiva de reducir la disparidad de género.

3. Tomar medidas activas para rectificar desigualdades persistentes en la intervención política.

El género y las Metas de Desarrollo del Milenio

Las organizaciones internacionales trataron la pobreza y el desarrollo humano en diferentes formas durante los años noventa, y al género le dieron un tratamiento similar. Lo enfocaron principalmente en términos de los sectores sociales, centrándose en las desigualdades en el acceso a la educación, particularmente primaria. Sin embargo, el género ha tenido una participación muy limitada en las políticas económicas y en las estrategias relacionadas con la producción.

Los Objetivos Internacionales de Desarrollo (IDT), en los cuales se basaron las Metas de Desarrollo del Milenio, también encararon el género solamente en relación con las metas del desarrollo humano, y el "progreso hacia la igualdad de género y la potenciación de las mujeres" consistió en la eliminación de la disparidad de géneros en la educación primaria y secundaria. Hubo también un compromiso con los servicios de salud reproductiva y reducción de mortalidad materna –una causa muy importante de muerte de mujeres en los países más pobres– en tres cuartas partes para el 2015. Éstas son metas importantes, pero cerrar la brecha entre los géneros en indicadores de salud y educación no sólo requiere proporcionar mejores servicios, sino que también significa aumentar la acción económica de las mujeres y el valor que se dan a ellas mismas, así como el que les da su comunidad.

Las Metas de Desarrollo del Milenio son sólo un adelanto sobre los Objetivos Internacionales de Desarrollo, porque las mujeres no son todavía parte de la meta de reducción de la pobreza. En vez de eso, las mujeres continúan siendo asimiladas a las metas de desarrollo humano –en relación con educación, mortalidad materna e incidencia de VIH/Sida–. Hay, sin embargo, un buen número de nuevos e importantes temas:

  • La igualdad de género es ya una meta explícita.

  • Los indicadores del progreso para reducir la disparidad de géneros en educación primaria y secundaria incluyen:
    • La relación entre jóvenes de ambos sexos en todos los niveles de educación.
    • Disparidad de géneros en el alfabetismo adulto.
    • Porcentaje de mujeres en empleos remunerados en el sector no agrícola.
    • Porcentaje de mujeres ocupando escaños en los parlamentos nacionales.

Conclusión

Ha costado casi medio siglo que las metas de reducción de la pobreza e igualdad de género alcancen la prominencia que ahora tienen en las políticas principales de las organizaciones. Durante el proceso, la comprensión de la pobreza ha pasado de la identificación inicial con la pobreza del ingreso a un entendimiento multidimensional. Esto incluye tanto sus dimensiones humanas como sus causas estructurales. El entendimiento de los problemas del género ha aumentado también, aunque con mayor lentitud y en forma más dispareja. Esto es político en parte, pues la igualdad de género puede resultar amenazante para el poder y los privilegios de los diseñadores de políticas, en vez de afectar solamente a los conglomerados humanos que ellos contemplan de lejos. Pero también es conceptual en parte, y se encuentra en la naturaleza, los modelos y las metodologías de los análisis macroeconómicos de las tendencias dominantes.

El trabajo de los defensores del género y de los académicos feministas ha servido para mantener los temas de género vivos en la agenda del desarrollo en una forma u otra desde los setenta. Además, las ligas tan claras que se han identificado entre pobreza y desigualdad de género, particularmente cuando las Políticas de Ajuste Estructural (SAP) han sido impuestas, han demostrado que las políticas macroeconómicas seguirán siendo ciegas ante este problema, a menos que el pensamiento macroeconómico tome más en cuenta el análisis de género.

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